viernes, 28 de octubre de 2011

Viñetas

Los Caprichos del  Rey

Un buen día, en el reino de la Manzanilla, el Rey Nibelungo se levanto con la noticia de que en su reino   se iba a construir una obra que beneficiaría a muchos de sus súbditos, que esta obra sería construida por el amo y señor de la nación y que evitaría que sus súbditos sufrieran las terribles inundaciones que año con año padecían, al saber de esto el Rey  Nibelungo  monto en cólera, ¿Porque a él no le habían avisado?  ¿Por qué no había sido él  el que anunciara tan magnánima obra?,  entonces, salto de sus aposentos y de inmediato mando erigirse en consejo a varios de sus  más fieles lacayos,  todos ellos ingenieros que ya le habían trabajado haciendo  obras en su reino y le rendían pleitesía, la instrucción fue clara, “salgan y digan a todos que esa  mantada obra no sirve, que traerá desgracia y penuria a mi querido y amado pueblo”  y así  sus fieles esbirros salieron a pregonar por todo el reino de la Manzanilla la información que su patrón les había dicho.
Al mismo tiempo que estos fieles esbirros hacían su fatídico anuncio un grupo de sus alguaciles, instruidos por el Rey  Nibelungo salieron  presurosos a  donde se ejecutaba tan importante obra, la  orden era  “detengan y clausuren a como dé lugar esa maldita obra no dejen que sigan, no importa lo que pase”  ya que este reyezuelo estaba  decido a impedir que esta se realizara,  porque en su  retorcida  y maquiavélica mente  solo pensaba en sacar  provecho personal para seguir presentándose ante su  amado pueblo como el  único benefactor de la comarca, ¿Cómo pues  otros habrían de hacer obras que beneficiaran a su gente?, claro está que él no lo podía permitir, tenía por fuerza que sacar tajada.
En el reino de la Manzanilla este tipo de acciones del Rey  Nibelungo  no eran nuevas ya antes había mandado a cancelar y suspender caminos y puentes que beneficiarían a sus gobernados pero como él  tenía la imperiosa necesidad de brillar y salir a decir que solo por él   y gracias a él se hacían las cosas en su reino,  fue que pidió a los valientes constructores, una  buena mochada, perdón cooperación para que él, pudiera en su nombre, propio de él,  anunciar con  bombo y platillo que las casas de sus súbditos serían pintadas, y  sólo después que cumplieron su capricho el rey de la Manzanilla  dio la orden de permitir que las construcciones  prosiguieran.
Al saber la población  que el Rey había mandado  suspender  la obra del arroyo ,  muchos lo han lamentado,  sobre todo porque no hace mucho sufrieron pérdidas irreparables en sus  humildes casas, pero al parecer el Rey sólo aceptará que esta obra continúe si es él quien  sale a anunciarla y decir que gracias a su intervención divina esta obra se convirtió en buena, tan sólo porque él lo dice,  pero  lo que el Rey no sabe, o no le han dicho, es que ese lugar, donde se construye esta magnánima obra, es propiedad del amo y señor de la nación y que poco podrá hacer para detenerla, así que  sus amados súbditos podrán estar tranquilos porque al parecer esa obra si se llevará  a cabo.
Seguramente el Rey no ha pensado en eso, su soberbia y deseo de adulación y autocomplacencia han obnubilado  su pensamiento  y por eso ahora sólo toma decisiones pensando en él en su imagen y su futuro político,  no importando que  su “amado” pueblo sufra las  consecuencias de sus acciones.
Cerrojazo: Esta es una viñeta producto de mi imaginación y cualquier parecido con la realidad es y será mera coincidencia.

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