Los Caprichos del Rey
Un buen día, en el reino de la Manzanilla, el Rey Nibelungo se levanto con la noticia de que en su reino se iba a construir una obra que beneficiaría a muchos de sus súbditos, que esta obra sería construida por el amo y señor de la nación y que evitaría que sus súbditos sufrieran las terribles inundaciones que año con año padecían, al saber de esto el Rey Nibelungo monto en cólera, ¿Porque a él no le habían avisado? ¿Por qué no había sido él el que anunciara tan magnánima obra?, entonces, salto de sus aposentos y de inmediato mando erigirse en consejo a varios de sus más fieles lacayos, todos ellos ingenieros que ya le habían trabajado haciendo obras en su reino y le rendían pleitesía, la instrucción fue clara, “salgan y digan a todos que esa mantada obra no sirve, que traerá desgracia y penuria a mi querido y amado pueblo” y así sus fieles esbirros salieron a pregonar por todo el reino de la Manzanilla la información que su patrón les había dicho.
Al mismo tiempo que estos fieles esbirros hacían su fatídico anuncio un grupo de sus alguaciles, instruidos por el Rey Nibelungo salieron presurosos a donde se ejecutaba tan importante obra, la orden era “detengan y clausuren a como dé lugar esa maldita obra no dejen que sigan, no importa lo que pase” ya que este reyezuelo estaba decido a impedir que esta se realizara, porque en su retorcida y maquiavélica mente solo pensaba en sacar provecho personal para seguir presentándose ante su amado pueblo como el único benefactor de la comarca, ¿Cómo pues otros habrían de hacer obras que beneficiaran a su gente?, claro está que él no lo podía permitir, tenía por fuerza que sacar tajada.
En el reino de la Manzanilla este tipo de acciones del Rey Nibelungo no eran nuevas ya antes había mandado a cancelar y suspender caminos y puentes que beneficiarían a sus gobernados pero como él tenía la imperiosa necesidad de brillar y salir a decir que solo por él y gracias a él se hacían las cosas en su reino, fue que pidió a los valientes constructores, una buena mochada, perdón cooperación para que él, pudiera en su nombre, propio de él, anunciar con bombo y platillo que las casas de sus súbditos serían pintadas, y sólo después que cumplieron su capricho el rey de la Manzanilla dio la orden de permitir que las construcciones prosiguieran.
Al saber la población que el Rey había mandado suspender la obra del arroyo , muchos lo han lamentado, sobre todo porque no hace mucho sufrieron pérdidas irreparables en sus humildes casas, pero al parecer el Rey sólo aceptará que esta obra continúe si es él quien sale a anunciarla y decir que gracias a su intervención divina esta obra se convirtió en buena, tan sólo porque él lo dice, pero lo que el Rey no sabe, o no le han dicho, es que ese lugar, donde se construye esta magnánima obra, es propiedad del amo y señor de la nación y que poco podrá hacer para detenerla, así que sus amados súbditos podrán estar tranquilos porque al parecer esa obra si se llevará a cabo.
Seguramente el Rey no ha pensado en eso, su soberbia y deseo de adulación y autocomplacencia han obnubilado su pensamiento y por eso ahora sólo toma decisiones pensando en él en su imagen y su futuro político, no importando que su “amado” pueblo sufra las consecuencias de sus acciones.
Cerrojazo: Esta es una viñeta producto de mi imaginación y cualquier parecido con la realidad es y será mera coincidencia.